22 de diciembre de 2010

Enrique Morente, heterodoxia de la tradición

Enrique Morente Cotelo, ‘el ronco del Albaicín’, nació mirando las campanas de la Torre de la Vela por eso, decía su madre que cantaba. Así lo constata el cantaor en Morente sueña la Alhambra. La voz le venía de su madre pero Morente ha sido siempre un autodidacta. Con quince años, harto de subsistir en unos y otros oficios de su Albaicín natal de posguerra, emigró al Madrid de los tablaos. En Zambra cantó con Fernanda y Bernarda y tuvo como maestro a Pepe de la Matrona quien a su vez había sido discípulo de Chacón. Morente fue siempre muy chaconiano como él mismo reconoció alguna vez.

Sería en 1964 cuando con el Ballet de Mariemma, viajó hasta Nueva York. Allí conoció a Sabicas, uno de los grandes al toque, en la Calle 14. Nueva York, una ciudad, que como reconoció años más tarde el genio granaino a Miguel Bosé en su Séptimo de Caballería, borra el exceso de ego y pedantería de quien la visita. Pero Enrique Morente, me atrevería a decir -aún sin conocerlo personalmente- que por encima de todo era un hombre cercano, así lo definían muchos de quienes sí trataron con el maestro, que había salido de su Albaicín para buscar fortuna en eso del cante.

Su cante le permitió llevar el flamenco a la Universidad, el contacto con los intelectuales y con la poesía; no sólo la lorquiana, sino también la de Miguel Hernández, Rafael Alberti, San Juan de la Cruz o Al-Mutamid, entre otros. Su hija Estrella desgarró el Llanto de la guitarra de Lorca para despedirle, para despedir “ese palique entre Enrique y Granada” del que habla Sabina en sus versos.

Enrique Morente fue un creador y aprendió los palos flamencos como muchos cantaores de antes cuando los cantes se cogían tras escucharlos, sin más. Un hombre hambriento de sapiencia, estudioso de la tradición y paradigma de la heterodoxia. Un hombre arriesgado –no siempre fueron buenas las críticas desde el conservadurismo del flamenco-, con Omega en esa fusión con el rock de Lagartija Nick o con los estadounidenses de sonido underground Sonic Youth.

Impulsor de jóvenes valores como lo fueron en su tiempo Eva la Yerbabuena o Arcángel y ahora lo es Juan Habichuela Nieto. El cantaor deja pendiente el estreno del documental Morente, el barbero de Picasso dirigido por Emilio Ruiz Barrachina o el término de la producción del nuevo disco de su hija Estrella. No volverá a nacer alguien como las hermanas de Utrera, ni como Caracol, Enrique el Mellizo, Juan Talega, La Niña de los Peines, Paco Toronjo, Camarón. De todos ellos, nos queda el recuerdo de quienes fueron, lo que significaron y su legado. Así como tampoco vendrá al mundo otro Enrique Morente Cotelo, nacido en el Albaicín, Granada. De su generosidad y su bonhomía nos resta su cante.

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Enrique voz de la Alhambra
Cante moruno por tangos
Poeta de cante largo

El desgarro de la Estrella
El sentir de Granada
La libertad del ‘ronco del Albaicín’

Fuentes consultadas:

1 comentarios:

m.acolca dijo...

Conciso, preciso y precioso bosquejo de la figura de una gran artista.

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